Llámese bullying, hostigamiento, matoneo o cualquier otro nombre según la región o país los efectos y consecuencias son las mismas. El bullying no tiene género, raza, idioma o estatus; siempre ha existido, sólo que a partir de la década del setenta del siglo pasado a consecuencias del suicidio de tres niños entre 10 y 13 años en Noruega, el gobierno prendió “las alarmas” y se comenzó a investigar científicamente.
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